- Que extraña, «¿qué extraña?»
No reconozco esa sonrisa, ni esas pantorrillas, la luna brilla diferente, todo fue tan de repente...
«¿Qué pasó?, No, ya, en serio, ¿qué pasó?».
Sigue siendo extraño todo ésto.
- Que distinto, «¿qué es distinto?».
No sé de quien es ese rostro
- No sabes, «¿no se?».
Preguntar serviría.
- Pero no sabes a quién, «¿a quién?».
- A ti, «¿A mi?».
Bien, ya van tomando orden mis pensamientos.
- Te reconozco, tú me reconoces, «¿por qué no me reconozco?». La del espejo es una ajena, mírala de cerca, «parece una niña buena». Eres tú, «¿Quién?», pues tú y deja de preguntar, que yo puedo explicarte, yo misma, una tú de otra parte, de otra era, de otra con tú mismo nombre y menos pasado, «¿hablas de mi?», por última vez, si.
- Hace varias lunas atrás... «¿Éstas lunas o las viejas lunas?», ¿qué más dan las lunas?, calla ya.
Hace algún tiempo, algunos errores, digo, días antes de hoy; ella era polvo. No puedo decirte cómo ni porqué, pero él era magia pura y sumisa, «¿y ella? ¿qué era ella?», un fénix. Si, un pequeño y frágil fénix que no podía nacer de nuevo, que había cumplido ese ciclo cientos de veces, eso era ella; la que tú reconocías, la de los cabellos sin forma y sonrisas caídas a pedazos, la que debajo de la lluvia no se cubría, la que iba dando pasos tirando en la calle su vida, la que le quedaba.
Él también era un fénix, aún más glorioso, más hermoso; con más brillo, y con unas llamas de vida más abrasadoras que el fuego; pero no podía encenderse le faltaba una chispa, una de vida. «¡Ilógico!, uno necesita vida, y la otra con gusto la tira!, ¡ilógico!», no, lógico más bien, que dos almas destinadas a encajar logren unirse...
Se parecen, puedes verlo en sus rasgos, en cómo reacciona su alma al verse comprimida, nota su parecido, incluso cómo respiran, son vida, la que le sobraba a ella, la que le faltaba a él, la lógica simple que una a dos seres conectados con su hilo rojo del destino, así como las lágrimas corren de la misma manera en los caudales distintos de sus mejillas, puedes ver en todo que se parecían.
No te reconoces querida, porque ya no eres cenizas, has renacido... Eres un fénix, pero tu aletear suena doble, son dos, nota su perfección, «incluso sus cuellos juntos, forman un corazón», lo has captado, es amor lo que los han salvado.
viernes, 5 de julio de 2013
jueves, 27 de junio de 2013
Esta será otra noche.
Pateando cajas de cartón en una habitación muy desorganizada, por supuesto, es de un soñador; sin luz, ventanas cerradas y cortinas corridas.
De una caja sale un pequeño bulto de papel arrugado, lo toma, se hace espacio entre la basura de la cama lo desenreda en sus manos y comienza a leer.
De una caja sale un pequeño bulto de papel arrugado, lo toma, se hace espacio entre la basura de la cama lo desenreda en sus manos y comienza a leer.
Esta será otra noche que piense en todo lo que podríamos ser y no seremos.
Otra noche en la que pensaré que hay esperanzas y que luego las ahogaré en un vaso medio lleno.
Y no quiero hacer eso, no quiero perder las esperanzas que tengo en ti,
porque me da igual que no me conozcas o pensar que quizá nunca lo hagas,
la esperanza es lo único que puedo tener ahora mismo,
es lo único que me queda y que me ayuda a levantarme día a día,
a sonreír y pensar ‘¿será hoy el día?’.
Que desde que supe de tu existencia, solo quiero saber de ti y de tu sonrisa.
Lo único que me apetece hacer es imaginarnos a los dos juntos,
riéndonos, durmiendo, solos tu y yo.
Por eso no quiero ahogar la esperanza en el vaso, porque realmente,
la necesito conmigo.
Entonces, se tira de espaldas a la cama, atónita.
Ve la fecha del papel y no puede decir nada, entonces, toma un lápiz le da vuelta al papel y escribe una tonta respuesta.
Esta será otra noche en que sonría con todo lo que somos y seremos.
Otra noche en la que me siente a pensar que la vida me regaló de pronto,
todas las esperanzas de vivir feliz de nuevo.
Y no quería hacer eso, ahogar mis esperanzas que comenzaban a surgir por ti,
pero me dio igual cuanto había sufrido antes,
eres lo único que tenía y tengo desde entonces.
Lo único que me queda es levantarme otra vez para nuevo día y sonreír,
porque no tengo más remedio que ser felíz a tu lado, porque Hoy es el día.
Ahora siempre es el día.
Desde que supe de tu existencia, no supe más que preguntar,
leer y sorprenderme cada día un poco más,
dejándote a ti, lo de hacerme feliz.
Lo único que me apetece hacer es buscarte para estar los dos juntos,
riéndonos, durmiendo, solos tu y yo.
Por eso doy gracias de no haber ahogado la esperanza en el vaso,
porque realmente...
Te necesito conmigo.
viernes, 31 de mayo de 2013
Vamos, al prado verde.
Por si no lo sabes (espero que no te espantes), quería hablarte, de mi persona y de mi manía de imaginarme un mundo, con palabras, conversaciones, seres ficticios tan grande, que se me ha enmarañado en la mente y un día quiso salir a vestirse de realidad.
Ni te imaginas como me miró mi imaginación. El charco que yo imaginaba lago estaba podrido y putrefacto, el cielo azul, estaba lleno de nubes grises que lanzaban lluvias como balas, dolorosas y que hacían todo triste; las amistades no existían, la imaginación miró dentro de ella un par de minutos, y sólo me dijo "Mejor vivo en tu cabeza", dio un giro y volvió dentro mío, desde entonces allí la resguardo, incluyendo mis sueños y las ilusiones.
Miraba por la ventana, no veía edificios y techos con hileras de tejas, me internaba en los campos verdes de las montañas, en un sueño de hadas casi perfecto, casi real, donde yo ponía las calles, la lluvia y el sol, que brillaba sólo en la cantidad justa en que no lastimaba mis ojos.
Ese paraíso se cerraba conjunto con mis ganas de sentir cuando abandonaba la ventana, así cada día, cada noche, y aun cuando imaginaba mirar, acostada en mi almohada.
Pasaron meses, o siglos, o mi vida entera en esos segundos, en cada uno de ellos, en cada instante observando, modificando todo en mi mente; esta loca travesía no podía ser más de mente, no más que yo.
Vi un punto ciego, le lancé todas mis dudas, él me lanzó flores; yo le di armas, él las adornó con corazones.
Miré de soslayo cada detalle, con la mirada más frívola que encontré, con un trozo de alma congelada y podrida, así le miré cuando me hablaba. No había manera de mantener 10 segundos la mirada, una sonrisa la arruinaba.
Un día estaba mirando por la ventana, una figurilla se alejaba en el prado verde; el punto ciego se había metido en mi paraíso, estaba furtivo en mis sueños, prisionero de mi amor y condenado a mi. Iba sonriendo, como encantado, como la primera mirada que me dio, como el primer beso que me encarceló.
No aparezcas enseguida, te creía a la vuelta de la esquina; resulta que no estabas allí, estabas en la punta de mi nariz y nunca te vi. Ahora estás amándome, con tus alas arropándome. Me ha hecho libre, mi imaginación se sienta conmigo ahora, habla de ti a todas horas, ya no me siento sola.
Condenada estoy, condena a muerte, muerte de repente, muerte lenta, adorarte cada instante de mi viaje a acostumbrarme, acostumbrarme a que... Soy feliz.
Ni te imaginas como me miró mi imaginación. El charco que yo imaginaba lago estaba podrido y putrefacto, el cielo azul, estaba lleno de nubes grises que lanzaban lluvias como balas, dolorosas y que hacían todo triste; las amistades no existían, la imaginación miró dentro de ella un par de minutos, y sólo me dijo "Mejor vivo en tu cabeza", dio un giro y volvió dentro mío, desde entonces allí la resguardo, incluyendo mis sueños y las ilusiones.
Miraba por la ventana, no veía edificios y techos con hileras de tejas, me internaba en los campos verdes de las montañas, en un sueño de hadas casi perfecto, casi real, donde yo ponía las calles, la lluvia y el sol, que brillaba sólo en la cantidad justa en que no lastimaba mis ojos.
Ese paraíso se cerraba conjunto con mis ganas de sentir cuando abandonaba la ventana, así cada día, cada noche, y aun cuando imaginaba mirar, acostada en mi almohada.
Pasaron meses, o siglos, o mi vida entera en esos segundos, en cada uno de ellos, en cada instante observando, modificando todo en mi mente; esta loca travesía no podía ser más de mente, no más que yo.
Vi un punto ciego, le lancé todas mis dudas, él me lanzó flores; yo le di armas, él las adornó con corazones.
Miré de soslayo cada detalle, con la mirada más frívola que encontré, con un trozo de alma congelada y podrida, así le miré cuando me hablaba. No había manera de mantener 10 segundos la mirada, una sonrisa la arruinaba.
Un día estaba mirando por la ventana, una figurilla se alejaba en el prado verde; el punto ciego se había metido en mi paraíso, estaba furtivo en mis sueños, prisionero de mi amor y condenado a mi. Iba sonriendo, como encantado, como la primera mirada que me dio, como el primer beso que me encarceló.
No aparezcas enseguida, te creía a la vuelta de la esquina; resulta que no estabas allí, estabas en la punta de mi nariz y nunca te vi. Ahora estás amándome, con tus alas arropándome. Me ha hecho libre, mi imaginación se sienta conmigo ahora, habla de ti a todas horas, ya no me siento sola.
Condenada estoy, condena a muerte, muerte de repente, muerte lenta, adorarte cada instante de mi viaje a acostumbrarme, acostumbrarme a que... Soy feliz.
martes, 9 de abril de 2013
Un tornasol, una razón.
Su mirada estaba enterrada en sus pies, quizá cuidando sus pasos; con un libro abrazado contra su pecho y prendas encimas demás, collares con símbolos que no cualquiera entendería y un manojo de esperanzas enterradas dentro.
Detalló su alrededor un par de segundos, escogió una mesa específica, solitaria, al aire libre y con una enorme sombrilla colorida como techo. Pidió un café, se sentó cómodamente en la mesa elegida y se desperezó abriendo el libro, leyó un par de párrafos sin entender una palabra. El sol estaba en su pleno esplendor y al colarse entre la sombrilla creaba un efecto de colores bajo ella, era hermoso; pero era difícil centrarse en los colores o en el libro.
Tomó su café y dejó de lado al libro, cuando el sol toldó un poco, se dispuso a leerlo; entonces un chico ojeroso y desaliñado se poso del otro lado de la mesa, sin prestarle atención alguna, abrió su propio libro, clavó su mirada en las palabras, luego de unos segundos tenía la misma cara de la chica, entre sorpresa, duda y molestia, su rostro cambiaba de mueca conforme leía un poco mas.
Ella, mirándolo no pudo evitar reírse en tanto sus carcajadas no pudieron disimularse, él notó su presencia y la miró fijo a sus ojos. Inmóvil por el vistazo que le regaló el desconocido, trató de disimular y volver a su mundo ficticio, observándolo con algo de timidez por encima del libro.
- Genial - dijo él, su mirada estaba perdida, había apoyado su codo contra la mesa y en su mano reposaba su rostro, que mostraba una sería mueca de repudio.
- ¿Qué ocurre?
- Primero el ruido, luego el tornasol; pero ganaste tú, eres la más bella distracción.
jueves, 21 de febrero de 2013
¿Y tú? ¿Cara o cruz?.
"¡Que se ha ido! ¿No entiendes? "¿Que te lo diga de nuevo?
Que no me ha quedado nada". ¡Pero si es muy simple!
Que me he ido,
que no me ha quedado nada."
"¡¿Una razón?! "¡¿Un por qué?!
¡Ya quisiera saber yo!" ¡Todos saben por qué!"
" Es demasiado para mi, " Soy poco para ella,
eso es lo que sé". lo sabes bien".
" Me rindo". " Esto ya fue"
" Le amo, pero está mejor sin mi.
Dejemos así, será feliz".
Ellos, como el lado de una moneda que siendo cruz no entienden lo que es ser cara,
lo han perdido todo por no dar vuelta para ver el reverso de la página.
jueves, 3 de enero de 2013
Un segundo intuyendo todo esto, dos palabras de todo un texto.
De pronto un escalofrío comienza un enero gélido, ártico; las ideas llueven a cántaros, sólo queda pensar. La piel se me pone de gallina con mi propio tacto, entonces comienzo a temblar, muerdo una de mis uñas pero nunca habiéndolo hecho repudio mi impulso casi de inmediato, adopto un gesto preocupado y me sumo totalmente en recuerdos y sentimientos, me adentro y hundo precipitadamente hasta que un portazo me trae a tierra.
Leo, como por inercia, a media página me encuentro con qué leí sin saber que diablos decía, comienzo de nuevo, no tiene sentido, no diferencio si el personaje se cae por una escalinata o unta un pan con nata; el nerviosismo me torna tensa cuando algo va explotando sin escrúpulos dentro.
Noto la razón al segundo, una sonrisa cómplice a mi pensamiento se esconde tras mis manos, entonces... Escribo como si la brisa misma privada en mi ventana me dijera que escribir, como si supiera cada palabra para expresar en el momento lo que estaba sintiendo, mis dedos se quejan con pequeños dolores la rapidez de mi escritura que es cada vez más melosa, desesperada y, por supuesto, totalmente dramática.
Me he enzarzado a ti, me he hecho dependiente de la independencia, pero he decidido ir bajo tu protección atenta, como si no necesitara nada más que lo que siento sea correspondido para que mi existencia disipe la niebla de injusticia de esta tierra; se me ha vuelto necesario mostrarte cada rincón de mi corazón, donde al parecer cada vez te extiendes más sin ninguna razón.
Alguien pregunta, susurran tu nombre, se nubla mi mente mientras pasa por ella una honda huella, un sentimiento creciendo lentamente, un perfume en mi piel que espero perdure, un suspiro eterno de una canción de cuna, un segundo intuyendo todo esto y un mosaico de sueños ahora posibles.
Con la sonrisa aún dibujada, la mente ya despejada y el pecho respirando de nuevo con frecuencia normal, te puedo resumir todo lo demás con dos palabras prostituidas por la sociedad que la usan sin temor a la fuerza que impone, más, dejando de lado su complicación; diría que en un "Te amo" se resume la cuestión.
Leo, como por inercia, a media página me encuentro con qué leí sin saber que diablos decía, comienzo de nuevo, no tiene sentido, no diferencio si el personaje se cae por una escalinata o unta un pan con nata; el nerviosismo me torna tensa cuando algo va explotando sin escrúpulos dentro.
Noto la razón al segundo, una sonrisa cómplice a mi pensamiento se esconde tras mis manos, entonces... Escribo como si la brisa misma privada en mi ventana me dijera que escribir, como si supiera cada palabra para expresar en el momento lo que estaba sintiendo, mis dedos se quejan con pequeños dolores la rapidez de mi escritura que es cada vez más melosa, desesperada y, por supuesto, totalmente dramática.
Me he enzarzado a ti, me he hecho dependiente de la independencia, pero he decidido ir bajo tu protección atenta, como si no necesitara nada más que lo que siento sea correspondido para que mi existencia disipe la niebla de injusticia de esta tierra; se me ha vuelto necesario mostrarte cada rincón de mi corazón, donde al parecer cada vez te extiendes más sin ninguna razón.
Alguien pregunta, susurran tu nombre, se nubla mi mente mientras pasa por ella una honda huella, un sentimiento creciendo lentamente, un perfume en mi piel que espero perdure, un suspiro eterno de una canción de cuna, un segundo intuyendo todo esto y un mosaico de sueños ahora posibles.
Con la sonrisa aún dibujada, la mente ya despejada y el pecho respirando de nuevo con frecuencia normal, te puedo resumir todo lo demás con dos palabras prostituidas por la sociedad que la usan sin temor a la fuerza que impone, más, dejando de lado su complicación; diría que en un "Te amo" se resume la cuestión.
martes, 18 de diciembre de 2012
Es inútil, no la notarás.
Hay una chica tirada boca arriba en el corredor, no da signos de vida, menos de amor; se mueve sigilosa aunque esté sola, tristeza en el sentimiento de que nadie le añora.
Va dando pasos como saltitos, la hace sentirse más alta, más fuerte, más falsa y tenue. Se detiene ante el espejo junto a la puerta, se asoma levemente, acerca su cuerpo a la pared y se desliza su espalda por ella hasta acurrucarse en el suelo, sus ojos muestran una mirada perdida, se levanta conforme la fuerza le alcanza; va acercando su rostro al espejo, mira fijo a sus ojos, hace una mueca falsa que se le puede llamar sonrisa, pero... el dolor sigue en sus pupilas, ella sigue absorta mirando sus ojos...
- ¿Nadie nota ese dolor?, ¿Nadie ha de ver la profundidad de una alma que grita "Demuéstrame amor"? - dice para sí misma mientras se derrumba, quizá ni ella puede ver aquello.
Sigue con la idea mientras vuelve al corredor, busca otro espejo con mayor iluminación, misma cuestión, ojos vacíos, la vence el dolor; pone en el reproductor la canción detestable que la entiende, no cesa el dolor, la presión colma sus sentidos.
Ella pasa la mano por sus cabellos, hasta que al alejar el brazo no queda ni una hebra entre sus dedos, mira su mano que luego lleva a su pecho, como intentado atrapar su corazón, o el dolor, pero buscando arrancárselo, cualquiera de los dos; se abraza a si misma, cierra con pesadez sus párpados, mira al techo y susurra algo a la nada y un esbozo de sonrisa se traza brevemente en sus labios, con un suspiro enorme llena su pecho y da pasos firmes contra el suelo.
Cambia sus ropas, alegre marcha a la puerta, ve sus ojos en el reflejo del espejo, ¡apenas lo entiende!, se marcha con el corazón latiendo acelerado, los gritos ahogados se tornan mariposas y ella se va como de rosa en rosa.
Detiene su marcha, saca un trozo de papel y un lápiz de su chaqueta para escribir fugaz las siguientes letras:
" Es inútil, jamás notará la tristeza que se disipa una vez él ha de llegar ".
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